¿POR QUÉ COMPRAR UN LAVAVAJILLAS?

Hasta no hace demasiado tiempo, el lavavajillas no era el electrodoméstico más habitual en la cocina e incluso se consideraba un artículo de lujo. Poco a poco se ha convertido en uno de los mejores aliados de todas las familias y nos libera de una de las tareas que más rechazo nos pueden generar: fregar. Eso sí es un lujo, porque empezamos a ahorrar. Y más, si se trata de un EVVO.

Como es habitual, con las nuevas apariciones de productos siempre aparecen falsos mitos, y es lo que le pasó al lavavajillas. “¡Es que gasta mucho!”: Falso. Está demostrado que se gastan alrededor de 30 litros menos de agua utilizando el lavavajillas que dejando correr el grifo al fregar a mano. Incluso mejora si el lavavajillas por el que optamos tiene una buena certificación energética. Un lavavajillas supone un gasto de un 1% en la factura de luz en el hogar, y si además tiene una certificación energética A+++ tenemos garantizado un menor gasto de agua y de electricidad.

Por muchos imanes antigrasas que haya en el mercado, no existe un antibacteriano que cumpla su función al completo. La mayoría de líquidos y geles de limpieza que prometen estos resultados cumplen esa función... pero no los estropajos. Los estropajos son el mayor depósito de microorganismos de toda la casa. Supera, en gran medida, a lo que pueda haber en un cuarto de baño, ya que un estropajo está en contacto con la comida, las manos, las superficies, el aire… Además, la humedad en la temperatura adecuada provoca su fácil y rápida propagación. Siempre se recomienda desinfectarlos, pero nada es tan efectivo como cambiar de estropajo una vez a la semana para empezar de cero. Esto lo soluciona el lavavajillas: consigue higienizar todo el contenido de sus bandejas gracias a las altas temperaturas que alcanza el agua en constante movimiento en su interior.

Evita discutir por ver quién friega. Volved a la paz después de comer. En ese tiempo de espera donde se apilan los platos entre la mesa y el fregadero… los gérmenes se multiplican. Las familias de gérmenes son prescindibles, ¡salva tu cocina!

 

 

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